27 de octubre de 1998
Ayer desaté un conflicto sin precedentes. Me aventuré por un callejón olvidado y encontré una librería antigua. En su interior, entre montones de libros polvorientos, descubrí una peluca de colores brillantes. Junto a ella, una nota desgastada decía: "Quien posea esta peluca, tendrá el poder de unir o dividir". Pensé que era una broma de algún crío y me la llevé.
Decidí pasarle la peluca a mi amigo Eduardo, un ingeniero que siempre ha pasado desapercibido entre sus colegas y se esforzaba muchísimo por cambiar la situación. Al entregársela, una energía inexplicable recorrió su cuerpo y su presencia se volvió magnética, atrayendo la atención de todos en la oficina.
La peluca, sin embargo, también atrajo la envidia y la codicia. Los abogados de un prestigioso bufete liderado por un tal Tomás Retenfri vieron en ella una oportunidad para consolidar su poder. Por otro lado, los periodistas de la agencia de Rafael Versanfé se alinearon con Eduardo, dispuestos a protegerlo.
La tensión creció hasta desencadenar una real guerra real en las calles de la ciudad. Las confrontaciones entre los seguidores de Tomás y Rafael se volvieron cada vez más violentas, con enfrentamientos armados y actos de vandalismo por todas partes.
Descubrí horrorizada que no tenía ninguna intención de mediar entre los bandos y que tampoco me importaba el desenlace. Por la tarde fui a nadar*.
Hoy me encuentro inmersa en una ciudad al borde del colapso, y mientras las calles se tiñen de sangre.
*"Diarios", Franz Kafka.
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