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Non estás soa

 


    En una aldea olvidada de Pontevedra, la partera halló a María, lágrimas de desamor empapando su rostro. "Su hijo llegará pronto",
anunció Emilia.

   María suspiró, sintiendo el vacío del abandono. Entre contracciones, confesó su dolor por el amante fugitivo. Emilia escuchó en silencio, empática. Con ternura, le ofreció una sonrisa reconfortante. "Non estás soa", murmuró.


    El bebé gritó por primera vez ante el mundo, pero María, abrumada por el dolor, huyó sin mirar atrás, abandonando a su hijo. En ese instante, Emilia cogió al niño y le cantó "La perdiz duerme en el trigo escuchándola latir. No te turbes por aliento, ¡duérmete apegado a mí!"*

    La partera juró cuidarlo con el mismo amor que María no quiso brindarle. No sospechó jamás, que en cuanto aprendió a caminar, el chico se fue sin jamás aparecer.


*"Apegado a mí" - Gabriela Mistral.

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